Juego de (dos) Tiranías

El flamenco, como todo arte, está obligado a evolucionar, o se verá reducido a ser una música repetitiva y ensimismada, más cercana al folclore que a una expresión libre del sentir. A lo largo de casi dos siglos, nuestra música ha ido evolucionando gracias a la capacidad creativa de genios que hoy se consideran clásicos: La Serneta, El Mellizo, Chacón, Caracol o Mairena. Todos ensancharon el campo musical, incorporando nuevos cantes, estilos, o giros. Ninguno pasó a la historia por ser un celoso guardián de las esencias, sino que se sirvieron de la herencia recibida para proyectar un flamenco distinto, más rico. Al hilo de esto, otro gran creador, Morente, decía de Mairena: “Antonio tenía una parte creativa muy interesante, pero acostumbraba a ponerle nombre de otras personas a sus cosas, y yo no estoy nada de acuerdo con esa actitud suya. Le perjudicó bastante su excesivo agradecimiento a la tradición. Cuando un artista crea algo tiene que firmar su obra”.

Ese excesivo apego a una supuesta tradición dio pie a una de las dos tiranías que nos asolan, y que señalo en el título: como el flamenco está hecho, debemos conservar ese legado limitándonos a ponerle nuestro sello propio, sin desviarnos. Pero, si no lo hicieron esos cinco referentes del cante, ¿por qué deben actuar de distinta manera los artistas de hoy? Como efecto reactivo, hoy padecemos la segunda de las tiranías. Unos cuantos artistas (del cante y el baile, fundamentalmente), enarbolando la bandera de la libertad creativa y fajándose de un purismo castrador, mimados además por una prensa generalista que en los últimos treinta años ni entendió ni se interesó por el flamenco, apoyados a veces por los restos de la otrora fuerte industria musical, y finalmente, con el altavoz de las grandes programaciones nacionales e internacionales, han logrado algo inaudito: si se critica una propuesta concreta, automáticamente se calificará al emisor de la misma como un purista trasnochado. Dado que hay más artistas que nunca que quieren evolucionar el flamenco, ¿no se necesitan ciertas dosis de genialidad para conseguirlo?, ¿tantos genios tenemos que cada temporada son capaces de proponer una obra genial?, ¿cabe la disidencia sin que le manden a uno a galeras?

Publicado en el Diario de Jerez el 6 de marzo de 2018

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